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05/09/08
Disertación del Sr. José Luis POMI

Dr. José Luis POMI

Disertación del Sr. José Luis POMI sobre el tema: "Himno Nacional"

Disertación del Sr. José Luis POMI el pasado martes 04 de Noviembre ante nuestra Tribuna Rotaria, sobre el tema: “Himno Nacional”.

Vayan mis primeras palabras, de agradecimiento a las autoridades de este prestigioso Rotary Club de Montevideo por haberme concedido la distinción, de ofrecer esta disertación, que sobre el himno nacional uruguayo, vamos a desarrollar en esta rueda Rotaria. La misma está relacionada a la gestación del mismo, tanto en lo musical como en su letra, y lo que él mismo simboliza, dentro de nuestro continente.
En la historia de los himnos nacionales nacionales americanos, el uruguayo, desde el punto de vista de su gestación, ocupa un lugar extraordinario. Es así, que a diferencia de los otros países hermanos, que nacieron por simples decretos gubernamentales, o por encargo a compositores, que no conocían el país para el que debían realizarlo, el nuestro tiene una trayectoria más pausada, pero de curiosa depuración popular, por ejemplo: el himno nacional de Chile, fue escrito por el compositor español Ramón Carnicer, quien jamás residió ni conoció el país trasandino.
Para ello, abarcaremos el período que va desde 1810 hasta 1860 aproximadamente, donde encontramos gran cantidad de documentación, en cuanto a diversas manifestaciones literario-musicales, que reflejan el concepto de la libertad naciente.
Pero antes de entrar al tema, conozcamos brevemente a sus autores, como lo son Debali en la música, y Acuña de Figueroa en la letra, de quien en los últimos tres meses se le ha nombrado con bastante insistencia en la prensa capitalina, como veremos más adelante.
Francisco José Debali, nació el 26 de julio de 1791 en la Provincia de Wallachey, en Hungría, donde se graduó como maestro de música, alcanzando por ello, vastos conocimientos en composición, armonía y orquestación. Fue ejecutante de instrumentos de viento, tales como: flauta, oboe y especialmente, clarinete.
En 1838, llega al Uruguay, con la triple condición de: compositor, director de orquesta e instrumentista, conocimientos musicales infrecuentes en la época de su arribo.
Al radicarse en Montevideo, se vincula al ambiente cultural, exponiendo una calidad técnica de compositor, verdaderamente insólita para el entorno musical de esa época agregándose a ello también, el dominio de tres idiomas: húngaro, alemán e italiano.
Todo esto, le permitió desempeñarse en puestos de jerarquía, tales como: Director de nuestro primer teatro: casa de comedias durante el período de 1841 a 1849; Maestro de Banda del Regimiento Santiago Lavandera; Músico Mayor del Batallón de 1º de Cazadores y del Regimiento de Artillería.
También organizó los músicos de la Legión Francesa comandados por el Coronel Thíebaud, durante la Guerra Grande.
Fue nombrado músico mayor de la escolta Presidencial del Gral. Rivera, cargo que le permitió intervenir en las batallas de Arroyo Grande y Cagancha, y como clarinetista, integró la orquesta sinfónica que participó en la inauguración del teatro solís, el 25 de agosto de 1856, con la ópera Ernani de Giuseppe Verdi.
Su legado musical, comprende más de 143 obras entre sinfonías, misas, mazurcas, polcas, valses, además de 180 arreglos musicales que se conservan en la sección musicología del Museo Histórico Nacional.
Pero lo más importante y significativo, con sus dos creaciones patrióticas: el Himno Nacional Uruguayo y el Himno del Paraguay, lo que por rara coincidencia, tienen letra de Francisco Acuña de Figueroa.
El 13 de enero de 1859 fallece en Montevideo víctima de un reumatismo agudo, que durante sus últimos años le ocasionó una postración casi total.
El cronista de “El Nacional” el día de su fallecimiento, expresaba que el decano de los músicos, vivió 21 años en nuestro país, consagrando su vida al servicio de la música, y entregando a ella, lo mejor de su talento.
También en 1791, nace Francisco Acuña de Figueroa. Desde muy joven, muestra una nítida inclinación hacia las letras, las que cultivó junto con la actividad poética.
Ocupó relevantes cargos, entre los que hay que mencionar: Ministro de Hacienda y Colector de Aduana de Maldonado, Profesor de Idiomas, Miembro del Instituto de Instrucción Pública, Director de la Biblioteca Nacional, Co – Fundador del Instituto Histórico y Geográfico, Miembro del Consejo de Estado, Inspector y Censor de Teatros, y Tesorero General de la Nación.
Su primera producción literaria de importancia, fue Diario Histórico, donde narra en verso, los sucesos ocurridos en el sitio de Montevideo, y comprende 18.978 versos, en relación con ese acontecimiento histórico, entre el 1ero.
de Octubre de 1812 hasta el 23 de junio de 1814. En las décadas siguientes, fue corregida y aumentada por él, y la versión definitiva, concluída en 1844, fue donada al Gobierno de la República por el autor, la que se conserva actualmente en la Biblioteca Nacional, por lo que la misma ha sido, y es de permanente, consulta por todos los historiadores.
También escribió numerosos epigramas de sátira maliciosa y burlesca, y obras de ingenioso jocoso, algunas de ellas, frívolas, como: La Exaltación del Bagre, La Apología del Choclo y La Nomenclatura y Apología del Carajo, y más de 1500 letrillas chispeantes, llenas de colorido y humor que retratan y constituyen un pintoresco cuadro de la vida montevideana. Su vasta creación poética, abarca desde el Himno Nacional hasta composiciones de carácter social, bíblico, religioso, histórico, satírico, amatorio, etc. Muchas de estas últimas las consideró impublicables y según el crítico Arturo Sergio Visca, son de alguna manera, las primeras manifestaciones uruguayas de literatura pornográfica.
Marcelino Menéndez y Pelayo, polígrafo español, cuya agudeza crítica ha sido tan sutil como amplia su admirable sabiduría, en su antología de poetas hispano americanos, afirma que Acuña de Figueroa, era un versificador inagotable, dotado de grandes condiciones para la improvisación.
El ensayista y crítico literario Alberto Zum Felde, en relación con la obra: la malambrunada, dice que el ingenio satírico de Figueroa se superó a si mismo, creando una obra digna por su concepción y desarrollo, y es de las mejores obras clásicas del género.
Gustavo Gallinal, crítico y periodista literario en su excelente ensayo elaboración y fuentes de la malambrunada, destaca que el autor demostró como en ninguna otra ocasión su habilidad de versificador, destacando su relieve plástico, digno de un verdadero artista.
El historiador Don Isidoro de María lo definió así: cantó todo lo grande y sublime, con inspiración patriótica. El Himno Nacional, ese canto heroico y entusiasta que no puede oírse sin emoción patriótica, que inflama y conmueve el espíritu, es uno de los vivísimos destellos de su genio, que basta para inmortalizar la memoria del poeta entre los orientales.
En Octubre de 1854, desde las columnas de “El Nacional” se decía: el renombre y la aureola de gloria que ciñe la cabeza de Figueroa, son cosas que nos pertenecen y son propiedad del Pueblo Oriental.
Se le ha censurado por su omiso silencio respecto a Artigas. Frente a este incriminación, corresponde alegar en primer término, que la falta de adecuada perspectiva histórica hizo que no sólo Acuña de Figueroa, sino casi todos los hombres que con él convivieron, incurrieran en similar displicencia e ingratitud; y en segundo término, que el olvido de Figueroa no fue tal, pues hay elogiosas menciones a Artigas entre sus composiciones, que quizás el estimable esfuerzo de los autores de tantas bibliografías del héroe han dejado escapar, como estos versos: Trozadas sus prisiones
Alzó la Patria Valerosa Frente, y al Noble Artigas, General Valiente, debió tantos blasones; mas hoy le ve en olvido En tierra extraña, y opresión sumido, y en la cautividad, de anciano gime, nadie le da favor, ni le redime. Con motivo de la Reforma de la Letra, solicitada por el propio autor el 12 de Julio de 1845, “El Nacional” editó su versión completa el 18 de ese mes, junto a un estudio crítico de la misma, realizado por Don Andrés Lamas, que decía:
El Sr. Francisco Acuña de Figueroa ocupa dignamente el primer lugar, entre los poetas nacionales y no necesita de nuestros pobres, aunque sinceros homenajes. Nos permitirá sin embargo, que volvamos sobre un mérito suyo que ya hemos indicado.
La Revolución Literaria que se ha operado en los últimos tiempos, lo ha encontrado en aquel período de la vida en que el hombre se apega generalmente, de tal manera a sus ideas, a las formas en que las ha vaciado, que es inaccesible a toda renovación, y permanece inmóvil como la roca en medio del mar, cuando toda se agita y se mueve en torno suyo. Solo es dado a inteligencias privilegiadas quebrar esta regla común el Sr. Figueroa ha seguido el movimiento de nuestros días, adoptando con tino y discreción, las innovaciones que ha juzgado acertadas y convenientes, y no será este el menos lozano de los laureles de su clarísimo ingenio.
El estudio y análisis crítico de Andrés Lamas, fue elogiado por Gustavo Gallinal, quien seañaló que ese estudio, contiene las mejores y más juiciosas páginas que se hayan consagrado al Himno Nacional.
El Dr. Armando Pirotto, historiador e integrante de la Academia Nacional de letras de nuestro país, narrando su muerte, ocurrida el 5 de Octubre de 1862, lo definió como: El poeta de la Patria.
A pesar de que se le ha criticado, que en sus primeras épocas se mostró partidario del Régimen Monárquico, no quedan dudas que su contribución en la elaboración de las estrofas del Himno Nacional, lo definen claramente como lo expresa Don Francisco Bauzá en sus “estudios literarios”, como un amante de la libertad y de las leyes de la patria.
Todos estos juicios, emitidos por plumas brillantes de historiadores y de críticos especializados uruguayos, son de alguna manera el aval válido e histórico, frente al planteo formal de un predicador evangelista, Ricardo Estévez Carmona, quien en agosto ppdo. presentó una nota al Ministerio de Educación y Cultura, para proponer cambiar la letra del Himno Nacional Uruguayo.
Como vamos a ver más adelante, nuestro Himno Nacional, desde el punto de vista de su gestación, ocupa un lugar de privilegio, pues surgió lentamente por selección del pueblo al respecto, el Prof. Lauro Ayestarán, indicaba: Un Himno Nacional nace de un acto individual sí, pero tiene un período de crecimiento, y he aquí, que una vez llegado a su madurez, perdura intocable para siempre, o desaparece frente a un brusco colapso, y ello se debe a que música y letra, son una unidad indestructible.
Por ejemplo si Inglaterra aboliese el sistema de Monarquía, es claro que el pueblo británico, no podrá cantar ya, Dios salve a nuestra reina o a nuestro rey.
Es de esperar que esta afirmación proveniente de nuestro más respetado musicólogo, Don Lauro Ayestarán, junto a los juicios antes mencionados, sea la respuesta de nuestras autoridades a este petitorio absurdo y falso, que traiciona las raíces más profundas de nuestra orientalidad.
Hechas estas aclaraciones, vayamos ahora sí, al tema central.
Digamos que es a partir de 1810, que en el Uruguay, se comienza a cantar a la libertad, a través de cantos patrióticos desde el punto de vista musical, esos cantos se inclinan en tres géneros folklóricos de la canción danzada: El cielito, el pericón y la media caña.
El primer ejemplo de ello, es aquel que comienza a cantarse el 25 de octubre de 1810 y decía: Viva compatriotas, nuestro patrio suelo…..
Y pertenece al mayor Eusebio Valdenegro, integrante de las filas artiguenses hasta mediados de 1812, en que pasa a las filas del Gral Sarratea, uno de los mayores enemigos de nuestro héroe.
En 1812 se publica en “El censor”, un texto poético denominado bravos orientales, uno de los primeros himnos artiguistas, que tuvo gran repercusión en la Banda Oriental, y que empezaba así: Bravos Orientales, Himnos entonad que Artigas va al templo de la Libertad.
En 1813, aparecen unos versos atribuidos a Bartolomé Hidalgo, que los patriotas cantaban frente a los muros de Montevideo, y cuya transcripción se debe al ciudadano Francisco Acuña de Figueroa, quien lo señala en su diario histórico del sitio de Montevideo, como cielito patriótico.
El 21 de agosto de 1814 se reabre con todo esplendor la casa de Comedias de Montevideo, entonándose el Himno Nacional Argentino, compuesto en Agosto de 1813, por el músico catalán Blas Perera, que fuera organista de la Iglesia de San Francisco en el Montevideo Colonial, con letra de Vicente López.
Es de destacar, que este himno fue objeto de especial interpretación en los festejos cívicos de aquel Montevideo, inclusive hasta en los festejos con que se conmemoró en el Pueblo de Soriano, la Jura de la Constitución, el 20 de Setiembre de 1830.
En 1816, con estrofas también con versos de Bartolomé Hidalgo, se entona una canción patriótica denominada Marcha Oriental y que decía: Orientales La Patria peligra Reunidos al salto volad Libertad, entonad con fuerte acento Y al regreso decid: Libertad!

También el 26 de mayo del mismo año, actualmente día del libro, al inaugurarse la Biblioteca Nacional de Montevideo, que dirigía Damaso Antonio Larrañaga, se entona un Himno a la apertura de la Biblioteca, con versos de Francisco Araucho:

Gloria al numen sacro del feliz oriente que erige a Minerva altar reverente
En 1821 el poeta Juan Cayetano Barros, escribe los versos cantemos gustosos la Constitución, entonado en el Teatro el 15 de setiembre de ese año. Señalamos que este himno patriótico, es el primero que se conserva en archivo debali.
En el año 1823 al efectuarse las luchas contra los lusitanos, surgieron algunos versos de Antonio Díaz.
Pasaron cinco años, más precisamente el 27 de Diciembre, para que Francisco Acuña de Figueroa, elevara a Don Juan Francisco Giró, Ministro Secretario de Estado de los negocios exteriores y encargado de los Ministerios de Hacienda y Guerra, un pedido para que se le reconociera como oficial, una canción patriótica de su autoría.
Dicha propuesta no tuvo andamiento.
El 20 de febrero de 1829, en la casa de comedias, se entonó la canción del Estado de Montevideo, de autor desconocido, en celebración del triunfo de Ituzaingó.
El 18 de julio de 1830, día de la Jura de la Constitución, se realizó en la Casa de Comedias, una función extraordinaria para celebrar ese memorable día, con una canción patriótica con letra de Acuña de Figueroa, y música del autor desconocido.
El Historiador Don Isidoro de María, testigo presencial de ese acontecimiento, asegura que la misma, era la canción patriótica de los treinta y tres, que empezaba así:
Gloria eterna a los hijos de Oriente y a la noble Argentina Nación cuya espada invencible, a la Patria restituye su gloria y honor treinta y tres denodados patriotas conducidos de un héroe a la Lid de la Patria la infausta cadena meditaron romper o morir
En el año 1831 son varios los cantos patrióticos que se cantan. El 25 de mayo en conmemoración de las fiestas mayas, se entona una canción patriótica cuya letra de autor desconocido, fue publicada en “El Indicador”. Hoy América al cielo levanta mas erguida la nítida frente porque al fin su diadema esplendente con la luz que faltaba, brilló.

El 18 de julio del mismo año, con motivo de los festejos del primer aniversario de la Jura de la Constitución, se realiza en la Casa de Comedias, la representación de la ópera de Rossini: el Barbero de Sevilla, y al comienzo se entona una canción en Castellano, de autor desconocido, alusiva a los festejos, cantada por la soprano italiana Angelita Tanni, quien protagonizaba esa noche, el rol de Rosina de esa ópera. También en la Casa de Comedias, el 5 de noviembre se canta con versos de Pedro Bazán, el Himno Patriótico a la Paz.
El 20 de febrero de 1832, se realiza en el teatro, una función en conmemoración de la Batalla de Ituzaingó y se canta un Himno Patriótico con letra de Manuel Araucho, cuyo texto decía: Viva compatriotas la Constitución y humille al tirano nuestro pabellón.

En las fiestas mayas de 1832, se entona un Himno de Pablo Delgado, que comenzaba así: Orientales con cívico gozo- veneremos la Constitución Repitiendo que viva la Patria y que viva a la Paz y la Unión
El 24 de Noviembre de 1832, al retorno del Gral. Rivera a Montevideo, se le recibe con el Himno de la Restauración, firmado por un hijo de la patria, seudómino en ese entonces de Francisco Acuña de Figueroa.
Así llegamos al año 1833.
El 8 de julio ppdo. se celebraron 170 años de la aprobación, por parte del gobierno, de la primera letra del himno, cuyo autor es Acuña de Figueroa, diciendo el decreto presidencial, lo siguiente:
Declárese Himno Nacional, el compuesto y representado por Don Francisco Acuña de Figueroa, dénseles las gracias por el zelo que manifiesta por la gloria de la patria; comuníquese a quienes corresponda y publíquese, encargándose al Ministro de Gobierno disponga la composición de música con que deba cantarse en adelante en las funciones públicas.
Doce años después, es decir el 12 de julio de 1845, mediante decreto del Presidente Joaquín Suárez, refrendado por el Ministro de Gobierno Don Santiago Vázquez, se aprueba una reforma a expreso pedido del autor, a las estrofas del solo, en sus siete estrofas iniciales, que pasan a ser 11 lográndose así, la versión definitiva del texto literario, que como dijimos anteriormente, fue publicado en “El Nacional” el 18 de julio de ese año, con el estudio crítico interpretativo a que hacíamos referencia del Dr. Andres Lamas, donde expresaba:
“Mientras un pueblo cante las estrofas del Himno Nacional, no estarán muertos los sentimientos de paz y libertad” El 19 de julio de ese año, en la Casa de Comedias se entona por primera vez el Himno Nacional actual, donde el programa señalaba:
Abierto el proscenio con una brillante sinfonía, se cantará el Himno Nacional, refundido por el poeta oriental Don Francisco Acuña de Figueroa, y músico del joven oriental Fernando Quijano e instrumentada por el Pof. José Debali.
El 25 de julio de 1848 o sea tres años después, el gobierno declara como nacional y exclusiva, la música que para el himno ha compuesto el ciudadano Fernando Quijano, decreto que se reitera un día después, con una segunda resolución, donde en su considerando se señala que debe fijarse por fin una sola, digna del hermoso canto de la patria, frente a una especie de anarquía o confusión indecisa en entonaciones arbitrarias.
Siete años después, el 23 de julio de 1855, Francisco José Debali, enterado de que se desconocía su paternidad musical, publica en “El Nacional”, una nota donde declara que el único autor de la música, es él.
Dicho documento fue hallado por el musicólogo Mtro. Hugo Balzo, y se incluye en el libro “La Música en el Uruguay” de Ayestarán, y expresaba así:
Dígalo si no el mismo autor del Himno Nacional, Francisco Acuña de Figueroa que hace ya algún tiempo me mandó pedir a Buenos Aires la música original, porque las copias que aquí circulaban, estaban adulteradas, dígalo si no el Sr. Pascual Costa y su Señor hijo, que asistieron al primer ensayo de mi composición en el Teatro; finalmente dígalo el mismo Sr. Quijano a quien creo bastante caballero para no quererse atribuir, lo que no le pertenece ni puede pertenecerle.
En honor de la verdad, debo decir que aquel Señor tuvo efectivamente alguna parte en la composición de la música, porque él fue, quien me hizo penetrar del espíritu del Himno y en cierto modo, del tono que debía asumir aquella; pero esto no quiere decir de ninguna manera que sea él, su autor. Hasta ahora no ha aparecido mi nombre en público como compositor de la música del Himno Nacional, y sí el del Sr. Quijano por más de una vez, según tengo entendido. Si hasta ahora no he reclamado la propiedad de ella ha sido porque ignorando el idioma del país, no he podido enterarme oportunamente de las publicaciones que se han hecho a este respecto.
Ninguna recompensa he merecido por mi trabajo; pero al menos quiero que no se me usurpe la propiedad y legitimidad de mi producción; y este amor al arte es lo que me hace tomar la pluma, para ocupar las columnas de su ilustre diario. Soy de vosotros su seguro servidor, atento servidor José Debali, Maestro de Música.
Debali no fue desmentido por Quijano.
Se sabe de fuente fidedignas, que en esos días Quijano actuaba en el Teatro San Felipe y Santiago, y el anuncio teatral, estaba en la página inmediata a la que apareció la nota de Debali.
Años posteriores, la Familia Quijano cuando solicitaron una pensión graciable, no invocaron para nada que fuera el autor del Himno, pero sí en cambio, invocaron que había sido actor, acróbata, coreógrafo, pianista, empresario, tramoyista, periodista, es decir, un hombre del teatro típico de la época.
Desde ese entonces hasta 1937, la polémica entre deballistas y quijanistas, fue saldada de manera injusta, por un decreto que acordó la autoría compartida de la música.
Un decreto del 20 de mayo de 1938, aprueba el trabajo del Mtro. Benone Calcavecchia, respecto a la falta de concordancia de ciertos pasajes, con algunas de sus estrofas cuyo sentido era desnaturalizado por una errónea interpretación métrica, y por la equivocada pronunciación de las palabras sacrosanto y tiranos, las que al cantarse eran acentuada, por exigencia de la melodía, como sacrosantó y tiranós.
También se acordó en ese decreto, ampliar la instrumentación de orquesta, realizada por el Mtro. Gerardo Grasso, autor del Pericón Nacional.
En 1952, el Consejo Nacional de Gobierno, por un decreto se autorizó la interpretación de introducción y coro, prescindiendo del solo, en las oportunidades que el Himno deberá ejecutarse, aún prescindiendo de la letra. A partir de la década del 50, varios Ministros de Instrucción Pública, encargaron distintos estudios a los Mtros, Luis Sambucetti, Gerardo Grasso y Benone Calcavecchia, para investigar la paternidad del mismo.
Se han efectuado diversas investigaciones de carácter complementario, como las realizadas por la Lic. en Musicología Prof. Susana Salgado que llegaron a la conclusión de que Debali, es el verdadero autor musical.
Es en 1976, mediante decreto 469/976 que se resuelve entre otras disposiciones, que figurarán los nombres de Francisco Acuña de Figueroa y Francisco José Debali, como autores del Himno Nacional, y como autores de los arreglos, Gerardo Grasso y Benone Calcavecchia, incluyendo un prólogo explicativo de la participación que en la obra tuviera el Sr. Fernando Quijano.
Finalmente en 1979, con el aporte del grupo de trabajo designado por el Ministro de Educación y Cultura de la época, integrado por los musicólogos Lauro Ayestarán y Hugo Balzo, se llegó a establecer definitivamente esa paternidad, a Francisco José Debali, como autor de la música, mediante decreto 320/979, donde además se establecieron las normas de impresión de partituras, y las tonalidades en que debe ejecutarse.
Inexplicablemente, en la página actual web de la Presidencia de la República, figura el nombre de Fernando Quijano, como autor de la música del Himno Nacional.
Hasta aquí, la cronología de los hechos que dan nacimiento a nuestro Himno Nacional.
Vayamos ahora al detalle de algunas características musicales y literarias, no sin antes preguntarnos, de donde proviene, o qué significado tiene la palabra Himno.
Proviene del latín “Himnus”, y en la antigüedad era una composición de homenaje al patrono himen, u otros patronos, es decir a Señores o Amos.
Hoy se considera una obra poética musical para ensalzar un suceso, un símbolo, un héroe, etc.
La real academia de la lengua española, consigna sobre el vocablo himno, en su tercera acepción: poesía cuyo objeto es honrar a un hombre, celebrar un suceso memorable o expresar fogosamente un impetuoso júbilo o entusiasmo. En su carta acepción establece: composición dirigida a cualquiera de estos fines, tales como: temas patrióticos, políticos, deportivos, religiosos, etc. Dentro de la historia general de la música, los himnos tienen una vida independiente y emancipadora, y nuestro himno, es ejemplo de ello, de acuerdo a todo lo relatado.
Dentro de ese espíritu, indicamos que nuestro himno tuvo un crecimiento vegetativo de la más perfecta normalidad y que el mismo, puede dividirse en tres etapas:
Su infancia, que llega hasta 1858; su Adolescencia que se inicia alrededor de 1860, etapa que está representada por las versiones impresas que comenzaron a circular, y su madurez a partir de 1934, con las reformas a que hacíamos referencia anteriormente. Comprobado está, que los primeros compases del coro del himno, son un fiel reflejo de una stretta de la ópera Lucrecia Borgia del compositor italiano Gaetano Donizetti, obra estrenada en Montevideo en el año 1852.
También es verdad que nuestro himno al igual que los otros de América, tuvieron como fuente temática musical, la ópera italiana, coincidiendo su gestación, con el auge de dicho estilo en Montevideo y en toda América. Como lo han señalado, nuestros musicólogos, esos tres primeros compases, no representaban un plagio, puesto que es una pequeñísima célula de un total de 129 compases que integraba la partitura original la cual con su revisación tiene 134 compases.
La melodía tonal es muy equilibrada y está sustentada por una armonización, sin equivocaciones ni vacíos, con un coro de gran coherencia rítmica y tonal, y con un solo mucho más intencionado, vibrante, equilibrado y rico musicalmente, propio del proceso tonal de una aria de ópera italiana.
Según el Prof. Humberto Grieco Cattalurda músico, docente de relevante trayectoria, inspector de educación musical e investigador de todo lo relacionado con la música nacional, afirma que la única vez que se cantó la letra completa del Himno fue el 31 de julio de 1970, en San Carlos, con la participación del coro de alumnos del Liceo Monseñor Mariano Soler. La segunda oportunidad, fue el 26 de julio de 1988, celebrando los 140 años de aprobación de la música, en Montevideo, interpretado por alumnos de primaria, integrantes del coro departamental Paulina Sastre de Pons.
Entre tantas adversidades que vivimos, algunas nos rechinan, señalemos que la Biblioteca Musical del Mtro. Lauro Ayestarán estaba formada por más de 7000 obras musicales originales e inéditas, entre ellas, casi todos los manuscritos de Eduardo Fabini, como también un original manuscrito del Himno Nacional por Francisco José Debali, y más de 40 ediciones del mismo, entre las que se encontraban las dos primeras: la de Jacobi y Dominico, y la de Ricordi. Una vez fallecido este respetado y admirado músico e investigador, todos los gobiernos de turno desde 1966 a 1993 denegaron la compra de todo este material, en una actitud vergonzosa e incalificable, por lo que su destino final, fue la Biblioteca del Congreso de los EEUU.
Con respecto a los versos de Francisco Acuña de Figueroa, no tengo dudas que su inspiración tuvo como referencia: La Marsellesa, ese canto patriótico que creció lentamente por espacio de 40 años, que sin lugar a dudas, ha perdurado como un canto de vida y esperanza, y que lo ha transformado en un avasallante Himno de la Libertad, por todo lo que ella, representa en la historia: El advenimiento de una nueva sociedad como observamos la marsellesa, tiene un coro y siete estrofas, de la misma forma que nuestra primera letra de 1833. Acuña de Figueroa plasma en sus once estrofas actuales del solo, un llamamiento permanente a querer la patria, y por sobre todas las cosas: libre, independiente y respetada. Libertad, es la voz interior de nuestros gauchos orientales que desean ser libres y no importa morir.
Nos evoca y nos enseña a respetar y defender todos nuestros símbolos patrios: bandera, himno y escudo, símbolos que representan, la libertad, la justicia, la igualdad, la fuerza, el sol, la gloria y la paz, conquista éstas, logradas con sangre y fervor patriótico por esos mismos gauchos.
Estas son las razones para fundamentar la vigencia de nuestro Himno Nacional y condenar al autor y sus defensores, de ese aberrante planteo que pretende cambiar la esencia de lo que fue un jalón glorioso de nuestra patria. Como dato complementario, digamos que en la ciudad de Paysandú, en la década del 50, se inauguró en la Plaza Francisco Acuña de Figueroa, el único monumento al Himno Nacional que existe en el Uruguay, construido en granito gris por el escultor español Pablo Serrano y Aguiar.
Al finalizar esta charla, quisiera hacer las siguientes conclusiones que no dudo tendrán vuestra adhesión:
Los pueblos, ¿conocen el verdadero sentido patriótico de los himnos patrios? Nuestro Pueblo uruguayo, nosotros, ¿conocemos el sentido patriótico de nuestro tercer símbolo patrio?
Acaso será que perdimos nuestro entusiasmo o la indiferencia nos invade? En la entrada y vivencia del nuevo milenio: ¿los valores cívicos han cambiado tanto?
Es que ahora, es más importante la noche de brujas o la noche de la nostalgia?
Es que se confunde el día de la Independencia con una película? Pueden los niños, jóvenes y adultos sentir la emoción que representa asistir a los actos patrióticos, si los hay, como preparar bolsos de viaje o enclaustrarse en los shoppings?
Es que el Himno Nacional, sirve de tanda publicitaria en los canales de televisión para augurar o no, algún festejo de un partido de fútbol? Es que la Asociación Uruguaya de Fútbol, ha suprimido la ejecución previa a un partido del Himno Nacional, como ha sucedido, para evitar desbordes del público, porque unos pocos irracionales quiebran con silbidos e insultos, algo que es más que una camiseta?
Es que la Asociación Uruguaya de Fútbol, dispone la presentación de un artista a cantar el Himno sin su acompañamiento correspondiente, desconociendo las normas de ejecución del mismo?
Cómo es posible que las organizaciones de espectáculos deportivos de nuestro país u otros países hermanos, no instruyan a los deportistas a mantener una postura seria de respeto y silencio, frente a la ejecución del Himno y se evite una actitud frívola, que muestran muchos, hablando o riéndose vaya a saber de qué cosas?
Es que nuestra bandera, el primer símbolo patrio, sirve de tanda publicitaria para alguna marca de yerba?
Es que nuestra bandera, sirve de estática para la publicidad de alguna empresa constructora?
Es que la cultura de los uruguayos a perdido respeto y festejó el título de una obra teatral que se denominaba orientales, la patria o la cumbia, y la justicia de nuestro país, no ha podido o no ha querido, castigar al autor como lo especifica el decreto ley 10.279 de Noviembre de 1942, con seis meses de prisión a cinco años de penitenciaría, por no guardar respeto debido en lugares públicos o expuestos al público, de nuestros símbolos patrios?
Es que la democracia nos impide ponernos de pie al escuchar nuestro Himno, como vemos a menudo, y nos resistimos a cantarlo en toda ocasión requerida?
Es que los jóvenes principalmente, alegan que estamos en democracia y no en dictadura?.
Es que ya no se enseña en escuelas y liceos, a respetar nuestros símbolos patrios y a conocer su significado?
Es que el sentimiento patriótico se fue diluyendo en las últimas década?
Donde están los valores éticos de la Nación?
Los símbolos patrios están para exhibirlos y no para esconderlos.
Asumamos el compromiso de cantar el Himno en toda ocasión que se nos presente; y que no sea el arma extrema para las grandes necesidades de la patria.
Los uruguayos tenemos que cambiar, debemos de cambiar con patriotismo, sin intereses partidarios ni mezquinos, porque con ese fervor de patria, alcanzaremos lo que todos los buenos uruguayos anhelamos: paz, trabajo y bienestar.
Por todo ello, después de 170 años, afirmamos que nuestro Himno es un verdadero mensaje de inagotable sapiencia para la historia americanista, y de inspiración pura y sincera para todos aquellos que buscamos y ambicionamos la paz y la solidaridad entre los pueblos.
Al terminar, quiero agradecer una vez más a esta Rueda Rotaria y sus autoridades, el haberme permitido exponer en este auditorio por demás calificado, un tema tan apasionante, que hoy más que nunca llama a la reflexión de todos los ciudadanos de este país, esperando que haya sido del agrado de todos Ustedes.
Muchas Gracias.

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